Mad Men Season 04 Ep 08: The Summer Man

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Foto: fazen via flickr

@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960′s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 08: The Summer Man

Tan pronto empezó el episodio, lo primero que pensé fue: “Ahi está. Éste es el nuevo feel de Mad Men.” A mucha gente le molestó la novedad de la voz narrativa de Don Draper: sus pensamientos y cavilaciones corriendo a todo dar y sin dejar mucho misterio. Es novedoso por dos razones: 1) es un cambio estilístico: rara ha sido la ocasión en que Mad Men cuenta con un voice-over, y 2) por primera vez le retiran el halo de misterio al personaje de Don. No a todo el mundo le ha agradado esto, incluso algunos sienten que le han quitado a su antihéroe para reemplazarlo con un Mr. Wonderbread, y la mayoría opina que el cambio que vimos en Don no será a largo plazo.

Yo por mi parte estoy complacida con este giro, aunque no dudo que los escritores lograrán dotarle de algún vicio o demencia encubierta que le provea esa sazón especial a Don. A los que se quejan o se burlan de la imagen de Don escribiendo en su diario, les digo que el propio Don les ganó la carrera porque fue el primero en burlarse de sí mismo (“I feel like a little girl,” dice él, después de comenzar una particular entrada comentando los sucesos del día).

Don en control de sí mismo demostró – en cuestión de un solo episodio – que puede ser más peligroso que el Don en descenso espiral que nos venían dando desde finales de la temporada pasada. En el trabajo está más alerta, más tranquilo, más productivo que en episodios anteriores. Evidentemente el encontronazo con Peggy le hizo bien. En lo personal, sin embargo, es aparente que Don en control es un baja-pantis hijoep…

"Deja ver qué escribo... "Soy tan guapo que me duele la cara."

En su enésima cita con Bethany, ella comienza a preguntarle por qué no salen más a menudo, que ella lo extraña, que necesita más de él, etc etc etc. Es la misma bazofia de siempre, y espero con muchas ansias no verla nunca más. Al mismo tiempo, por la puerta del restaurante donde están cenando, entran Henry y Betty Francis para acudir a una cita con un compañero de carrera política de Henry. Tan pronto Betty ve a Don, el mundo se le escurre a los pies, y el único modo de ella manejarlo es salir corriendo a ahogarse en gimlets. Henry y Betty (y el pobre diablo que probablemente tuvo la peor cena de su vida) pasan por la mesa para saludar a Don.

Betty brilla por su descortés frialdad, y Bethany tiene que preguntarlo… Tan pronto Don le contesta que ésa es su ex esposa, el rostro de Bethany cambia por completo. Casi le pude leer los pensamientos en la cabeza transparente que lleva sobre los hombros. Desde una buena evaluación de sí misma con la ex (ella sale ganando – aunque a duras penas – por meros puntos de juventud), hasta finalmente entrar en un ademán de petulancia de la cual ya la sabíamos capaz desde el primer capítulo. Claro está, ella busca afianzar su lugar en la vida de Don, y aparentemente una buena mamada en el asiento trasero de un taxi es la mejor manera de hacerlo. Parece que nunca le explicaron bien cómo es que funcionan las cosas.

Él finalmente nos devela sus sentimientos acerca de ella: él sabe que ella lo que busca es algo serio, pero él la tiene definitivamente clasificada como el tipo de mujer que ya conoce. No es de extrañarse. Bethany y Betty son la misma cosa con sólo unos cuantos años (y muchas rabietas y resentimientos) de por medio.

La reacción de Betty a la cita de Don también tiene su efecto de mariposa. Henry no lo pasa por alto – claro está, sobre todo porque Betty tampoco lo pasa por alto en lo absoluto y muy públicamente, y en el proceso arruina una cena que bien podría dictaminar el futuro de la carrera política de Henry. En el auto, de regreso a la casa, Henry le hace bien claras varias cosas: que Betty no tiene permiso a comportarse así (ella lo toma como un simple ejercicio de dominación y falla por completo en entender la verdadera razón por la cual él lo dice), que ella está dándole demasiada importancia a Don (ella asegura que lo odia, pero Henry le aclara que odiar también es un sentimiento apasionado), y que ella no se está comportando como un adulto (y he aquí la parte del episodio en que aplaudí). Es triste entonces ver cómo Henry recurre a su propio tantrum pasivo-agresivo: con el parachoques del carro aplasta las cajas con las pertenencias de Don en el garaje, lo llama luego para pedirle (aunque no le da mucha opción al contrario) que se las lleve lo antes posible, y luego deja las cajas en la acera en un gesto inconfundible de evasión a cualquier contacto adicional entre ellos. La estampa de Henry cortando la grama frente a la casa mientras Don se lleva sus cajas es simplemente una demostración por parte de Henry: que se vea quién es el hombre de la casa ahora. Betty, con su crisis nerviosa ante la noción de que Don pueda tener una vida feliz también, logró crear en Henry una inseguridad sumamente grande, un hoyo negro que probablemente consumirá su matrimonio en muy poco tiempo.

"¿Mi amorsito, tienes frío? Coge mi chaqueta." Don en su 'date.'

Por otro lado, Don finalmente logra una cita con Faye Miller. Desde la fiesta de navidad (ver episodio 02), Don ha estado coqueteando sutilmente con la doctora, y ha recibido por lo menos dos rechazos a los intentos menos sutiles. ¿Qué ha cambiado ahora? Aparte de la evidente determinación de Don a recobrar el control de su vida (se está ejercitando, al fin está comiendo – aunque sea de una lata, – está bebiendo mucho menos, ya no lleva prostitutas a su casa), un detalle que no se le escapa a Don es que Faye acaba de romper su relación de modo muy ruidoso en el teléfono del lobby de la oficina. Hago un aparte para celebrar la línea final de Faye a su ex amante: “Go shit in the ocean!” ¡Fascinante!

La cita va de maravillas, mil veces más interesante que cualquier interludio que pudiese tener con Bethany. Incluso, los besos que intercambian en el taxi después de la cena están mucho más cargados de sensualidad que la coquetería tonta y el presuntuoso fellatio que le pudiese propinar Bethany. Definitivamente, this is a keeper. No obstante, presiento que no va a ser así. En lo personal, no me encanta el personaje de Faye Miller, aunque tengo que admitir que sería una buena pareja para Don. Creo que ella finalmente será un puente hacia un nuevo tipo de relaciones para él.

Al final, Don decide asistir a la fiesta de cumpleaños de su hijo menor. Betty y Henry habían cobijado la esperanza de que no apareciera, así que su entrada a la casa en medio de la fiesta fue un tanto dramática. Henry le pide explicaciones a su esposa – una movida poco sabia, en mi experiencia. Ella lo tranquiliza con un gesto de autocontrol inusitado por parte de ella, recoge Eugene del suelo y se lo lleva a Don. Luego lo observa desde lejos con un gesto que sólo podemos interpretar como añoranza. La relación entre estos tres personajes – Henry, Don, Betty – está lista para complicarse mucho más.

He dejado el tema de la oficina para lo último porque me crea preocupación y ambivalencia. Joan ha estado confrontando problemas de comportamiento con los muchachos del departamento creativo. “Boys will be boys,” como dijera Don Draper, y en eso las cosas no han cambiado mucho hasta el sol de hoy. Lo que existe en la actualidad que mantiene las tensiones a raya (y que no existía antes) es un departamento de recursos humanos, políticas de hostigamiento sexual, etc. Joan está sola contra esta corriente de hormonas, específicamente encabezada por Joey, quien no duda en responderle a sus reclamos con una retahíla de abusos verbales e insinuaciones sexuales de mal gusto. La tensión llega a su punto álgido cuando Joey dibuja a Joan y a Lane en una explícita posición sexual y pega el dibujo en la ventana a Joan. Ella confronta al grupo de muchachos y les dice, literalmente, del mal que van a morir: acribillados a balazos en la guerra de Vietnam. Peggy, quien ha estado al tanto y ha sido testigo de la situación completa, acude a Don para que tome control de la situación, y él muy oportunamente le otorga la autoridad para despedir al agresor. Peggy le ofrece una oportunidad final a Joey para que se disculpe con Joan y, al él negarse, lo despide.

"¡Pero que clase'e bicha!" Peggy mata con sus ojos a Joan.

A los ojos de Peggy, ella ha defendido a Joan en el lugar de trabajo. A los ojos de Joan, Peggy se ha tomado atribuciones que no le correspondían y le resolvió un problema que ella fácilmente pudo haber resuelto sola. La confrontación final entre ellas dos en el ascensor nos deja mucho que pensar acerca de la relación de estos personajes entre sí y con su ambiente de trabajo. Joan está en un punto crítico en su vida: su esposo está por marcharse a su primer adiestramiento militar y la tensión que esto le provoca se transmite al trabajo. Tiene la paciencia finita con todos los que la rodean, y el punto se desdobla en su monólogo de odio hacia sus torturadores. Peggy, por su parte, tiene intenciones nobles: su experiencia en Sterling Cooper, y luego en SCDP, la han endurecido de un modo muy distinto al de Joan contra las transgresiones sexuales de sus compañeros. Joan lo tolera y, de necesitar rectificarlo, lo arregla todo solapadamente. Peggy, mucho más idealista, se va de frente contra las injusticias y las ataca con su propia escala moral. Probablemente el modo de Joan de arreglar las cosas – aunque no lo parezca – sea más eficaz. Irse a cornadas contra toda una tradición social (el machismo en la oficina) resulta todavía hoy día una labor de resultados dudosos.

Hay que darle puntos a Peggy, sin embargo. Sin querer queriendo, está creando poco a poco la cultura perfecta para lo que hoy conocemos como HR (Human Resources). Que recursos humanos sirva para mucho en una empresa son, como dicen por ahí, “otros veinte” …