Mad Men Season 04 Ep 07: The Suitcase

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@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960′s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 07: The Suitcase

…hasta que al final explotó la bomba llamada Peggy Olson.

Un episodio completo dedicado a la relación entre Peggy y Don Draper era justo lo que necesitábamos.  Como trasfondo tenemos la histórica pelea de boxeo entre Cassius Clay (luego conocido como Muhammad Ali) y Sonny Liston.  La oficina completa – especialmente el sector masculino – está en revuelo por el evento: las taquillas para presenciar el evento (transmitido en las pantallas de un teatro) son el ícono de status del día, hay apuestas corriendo, y la conversación general converge hacia el tema.  Los ejecutivos de mayor importancia obtienen sus boletos gratis, mientras Harry Crane se hace su negocio vendiendo las taquillas restantes a los empleados de menor escaño.  Puede que no sea viernes (era un martes, 25 de  mayo de 1965), pero las oficinas de SCDP en este episodio tienen un tono de TGIF subidísimo.

Peggy por su parte está en su propia celebración personal: es su vigésimo-sexto cumpleaños y tiene planes de ir a cenar con Mark (el irritante noviecito que la sigue como perro faldero).  Luego de un rechazo contundente por parte de Don a su idea para la campaña de Samsonite, Peggy regresa a su escritorio para encontrarse con un racimo de claveles rosados.  Es Duck Phillips quien envía el regalo junto a un número de contacto que Peggy prontamente marca.  La alegría de que su ex-amante se acordara de su cumpleaños se convierte en preocupación cuando descubre que el contenido de la cajita de  regalo es una resma de tarjetas de presentación para Peggy como Directora Creativa de una nueva empresa.  De preocupación, pasa a consternación a través del resto de la llamada, según Peggy se percata de que: 1) la empresa a la que Duck la está invitando no existe aún, 2) a Duck lo despidieron de Grey por su alcoholismo, y 3) Duck al momento de la llamada está más borracho que una tuerca.  Ella termina la llamada rápidamente conforme Duck se deshace en lágrimas, hecho un asco que hace ver, en comparación, el despojo de vida de Don Draper como el sueño americano.

Peggy está en proceso de salir a encontrarse con Mark cuando Don la llama de vuelta a su oficina y le pide detalles acerca de los cambios hechos a la campaña de Samsonite.  La propuesta presentada más temprano en el día no le gustó, y los borradores que le muestra Peggy en el momento tampoco son de su agrado.  Don no tiene ningunas intenciones de terminar de trabajar en ese momento: más temprano, recibió un mensaje para que llamara de vuelta a Stephanie, la sobrina de Anna Draper.  Él sabe que son malas noticias y mientras más tiempo pueda evadirlas, mejor. En su empecinamiento por ocupar su mente y  tiempo en el trabajo, se lleva anclada a Peggy.  Ella llama a Mark al restaurante donde tenían planes de encontrarse para avisarle que llegaría un poco tarde.  Ella le hace claro que no preferiría otra cosa que no fuera estar con él en su cena romántica; lo que no sabe es que Mark ha invitado a toda la familia de Peggy – incluyendo a su compañera de apartamento, lista con todo y cara de perro – para una fiesta sorpresa.

Luego de varios intentos infructuosos de generar una idea útil para Samsonite – Don sigue rechazando idea tras idea – Peggy vuelve a llamar: que se retrasará un poco más.  Una llamada más tarde, Mark pierde la paciencia, le revela que lleva más de una hora esperando en el restaurante junto a la familia Olsen, y la rompe con ella. Lo más evidente es que Peggy está aliviada, para ella la ruptura es definitiva; mientras que parece que Mark parece tener planes de un hiato menos permanente.  Él pasó todo el trabajo de coordinar esta reunión sorpresa, pero Peggy considera que esa fue la peor idea y se percata de que su novio a duras penas la conoce.

Entre un Don aterrado del timbre telefónico que podría significar una llamada devastadora, y una Peggy irritadísima con la falta de sensibilidad de todos quienes le rodean – especialmente los más cercanos, – el ambiente está maduro y perfecto para una detonación.  Ésta no se hace esperar: Peggy le recrimina a Don que la haya retenido en el trabajo en su propio cumpleaños, Don le critica que ella esté pensando en celebrar un cumpleaños a su edad … la disputa escala aceleradamente, y es casi un alivio, ¡algo catártico!, oír a Peggy finalmente reprocharle la toma de créditos sin ni siquiera un “gracias”.  Era algo que llevaba guardado muchísimo tiempo, y Don no le contesta muy agradablemente tampoco (entre lo dicho, que ella a duras penas lleva 2 años en la carrera y ya está manteniendo cuenta de cuáles ideas son de ella). Peggy queda hecha un manojo de lágrimas en el baño, completamente derrotada.

Un poco más tarde, Don la llama desde la oficina, y ella acude a regañadientes.  Él le tiende su racimo de olivas: una grabación vieja de Roger Sterling dictando sus memorias para su (¿otro?) libro, “Sterling’s Gold” (“¡uf!” con el título).  Entre las ridiculeces pronunciadas, la mejor es la alusión a un affair entre Roger y Ms. Blankenship (la adorable cascarrabias que quedó asignada como secretaria de Don).  La mera idea es risible, y poco a poco Peggy se ablanda – eso es, hasta que avista un ratón cruzando el suelo y termina trepada en una silla por el susto.  Don se va detrás del rajierito y, ante la duda de ella si es una rata, él le dice que se crió en una granja, él sabe la diferencia entre un ratón y una rata.  Comenzamos a ver más parchos de la máscara de Don caer como lepra. Don termina invitando a Peggy a comer – lo menos que podía hacer por ella en su cumpleaños.

En el diner – parece que Don, con este degenere de su carácter, ha adoptado una afición por las papas fritas – Don y Peggy se comienzan a confesar: ambos presenciaron las muertes de sus padres.  Lo intenso de la escena es ver como Don se va deshojando como cebolla delante de Peggy.  Peggy reciproca, especialmente en la barra donde terminan luego, al revelar sus sentimientos acerca del bebé que regaló y los rumores que corren en la oficina acerca de que ella se acostó con él. Incluso, le insinúa que sabe que él se acostó con Allison.  La sesión de #confesiones llega a su fin con el KO de Clay a Liston, transmitido en la barra via radio. Los sports bar definitivamente eran otra cosa…

Peggy y Don regresan a la oficina y Don procede a vomitar todo lo que ha bebido y comido (¡adiós, papitas!) en el baño de hombres.  Peggy lo acompaña y podemos ver la cara de asombro y asco al ver los urinales por primera vez en su vida.  Don parece que llevará un rato inusitado en lo que se deshace de todos sus contenidos, y Peggy escucha que alguien la llama desde afuera.  Es Duck, que ha venido a SCDP a literalmente defecarse en la oficina de Don.  Lo que no sabe es que se ha quitado los pantalones y está de cuclillas – y en una honesto gesta de concentración – sobre la blanca silla de Roger Sterling. Peggy lo recoge – ya tiene dos desastres de hombres entre las manos – y se lo lleva por los pasillos para sacarlo de los predios, pero se encuentran con Don en el camino.

Lo que viene a continuación es un breve discurso despechado de Duck, en el cual admite que Peggy y él estuvieron enamorados, pero que ahora ella se había ido con Don.  Termina su retórica llamando a Peggy una puta, y Don procede a … intentar darle su merecido.  Ambos están tan borrachos que no logran hacerse mayor daño.  Ruedan en el piso y Duck termina encima de Don, situación precaria de la cual Don se safa diciendo “Uncle!”. ¡La mejor comedia!

Peggy logra sacar a Duck del edificio, y regresa a la oficina de Don.  Él le pide un trago y explica que lo necesita porque va a hacer una llamada que no será agradable.  Ella sirve el trago, se sienta a su lado, y Don se desbarata suavemente, dejando caer su cabeza sobre la falda de Peggy.  Terminan dormidos, pero Don medio-despierta a mitad de la noche y ve la imagen de Anna entrar a su oficina con una maleta en mano.  Se ve radiante y feliz, la clásica despedida, el deshacer de los pasos.  Él se vuelve a dormir, pero se levanta tan pronto sale el sol y finalmente hace la llamada que tanto ha estado evadiendo.

Stephanie le confirma la sospecha: Anna Draper ha muerto.  Cuando cuelga, levanta la mirada y ve que Peggy se ha despertado y lo mira fijamente.  Es entonces que Don se convierte en Dick y llora amargamente la muerte de la única persona que lo conoce realmente.  Ella lo consola – la clásica palmadita en la espalda – y él la despacha, que se vaya a descansar, que entre tarde.  Ella termina ocupando su sofá – más fácil que tomar el tren y el camino en un estupor de esa magnitud – y la despiertan pocas horas más tarde abruptamente.  Regresa a la oficina de Don y él le muestra lo que finalmente es la idea final de la campaña de Samsonite.  Comparten un apretón de manos: la relación ha cambiado.  Pudo haber sido un desastre, Don pudo haber continuado con su patrón de conducta usual y aprovecharse de Peggy la noche anterior.  Pudieron haberse dejado en medio del fragor de la discusión, cada uno marcharse por su lado.  Pero no fue así: lo trabajaron, se desnudaron el uno ante otro, más de lo que hicieran ella y Rizzo en el capítulo anterior.  Peggy no sabe los pormenores y datos de la realidad de Don Draper / Dick Whitman, pero ya conoce la naturaleza de ese hombre y la acepta y aprecia.  Don Draper ha encontrado lo que podría ser su nueva Anna.

Al partir, ella le pregunta (acerca de la puerta) “Closed or open?”.  Él le contesta “Open”.  Es un gesto de sutileza por parte de los creadores, pero evidentemente están hablando de algo más que la puerta.  Espero que este sea el inicio de una nueva etapa para Don.  No más misterios ni evasivas, sino que aprenda a vivir en paz con quien realmente es.