Mad Men Season 04 Ep 05: The Chrysanthemum and the Sword

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@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960’s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 05: The Chrysanthemum and the Sword

¿Quién odia a Betty Draper-Francis? Levanten la mano, no sean tímidos …

…me alegra no estar tan sola.  Al empezar esta serie, yo genuinamente deseaba que el personaje de Betty me agradara, incluso llegué a gritar par de “¡hurras!” por ella en el episodio “Shoot” de la primera temporada; para refrescarles la memoria: el vecino, un criador de palomas, amenaza al perro de los Drapers cuando éste ataca a una de sus aves.  Al final de este episodio, Betty Draper, cigarrillo en boca y vestida con una adorable batita rosada, saca una escopeta de perdigones y comienza a eliminar una a una las palomas del molestoso vecino.  En ese momento, Betty fue el epítome de una dama bad-ass.

El proceso del divorcio y subsiguiente matrimonio, sin embargo, ha lanzado a este personaje en un descenso en espiral que hace eco al propio Don Draper.  Ya Betty no sirve para relacionarse con sus hijos sino mediante regaños y agresiones físicas.  Podíamos adivinar que este sería el resultado cuando, al final de la última temporada, ella recoge sus cosas y se marcha con Henry Francis y el nuevo bebé a Reno, dejando atrás a Sally y a Bobby con Carla, la criada.  No tuvo ningún reparo en abandonar a los mayores a pasar una Navidad solos, en medio de los escombros de un matrimonio quebrado: lo que le importaba era terminar de resolver las legalidades para volver a casarse y, hasta cierto punto, su nuevo bebé.

Lo que hemos visto de Betty hasta ahora en esta 4ta temporada ha sido una madre mucho más severa, agresiva e inestable.  No tolera ningún tipo de desafío por parte de sus hijos, especialmente de Sally, quien ha sufrido más el divorcio y la ausencia de su padre.  Es por eso que, cuando Sally regresa de una visita a casa de Don con un nuevo auto-recorte, la mano de Betty vuela rauda y veloz, sin un segundo de diferencia, a plantarle una bofetada a su hija de 10 años.  Estoy segura que en ese momento fuimos muchos los que hubiéramos querido cruzar la frontera del televisor para partirle el brazo a esa mujer.

Cada vez es más manifiesta la inestabilidad de Sally con su situación actual, y no es para menos: va a visitar a su padre y resulta que el descarado de Don tiene planes previos – una cita con Bethany, la odiosa copia tonta de Betty que nos presentaron en el 1er capítulo de esta temporada.  No me extraña que a Sally no le agrade ni cinco, empezando con el nombre y terminando con el hecho de que su padre no pudo siquiera separar un espacio de tiempo para invertir con sus hijos.  Bobby y Sally quedan al cuido de Phoebe (la vecina enfermera de Don), y no hace la pobre mujer más que descuidarse un segundo para que Sally regrese del baño con su cabellera tijereteada.  El espanto no es para menos, pero las reacciones van en escalada: Phoebe se espanta y se preocupa (especialmente con el despliegue de Sally de dudas y conocimientos mal habidos acerca de la sexualidad), Don se preocupa al punto de despedir a Phoebe de su rol de nana, y finalmente Betty le cruza la cara de dedos a la pobre Sally.

El personaje de Henry Francis gana mayor dimensión en este momento: aconseja a Betty y la tranquiliza, se convierte en el abogado de la razón, y logra convencerla de que le levante el castigo (propinado por encima de los golpes) y la deje ir a un sleepover en casa de su amiguita Laura.  Ya una vez en casa de su amiguita, Sally aparentemente se siente más cómoda: con su amiguita dormida a un lado, ve televisión y eventualmente termina masturbándose (una escena muy bien trabajada, considerando la edad de la actriz).  La madre de Laura la sorprende en medio del acto y la lleva de inmediato a su casa.  Tras una explicación furtiva y disculpas mutuas entre madres, Betty llega hasta donde su hija y la amenaza con cortarle los dedos.  El veredicto: debe asistir a un psiquiatra.

Acerca del tema de la masturbación infantil, hay tela de donde cortar, como también del tema de la masturbación según vista en los años 60 – o incluso ahora: es un tema que no ha perdido su halo de tabú, de “indebido”.  No obstante, es de notar que las reacciones ante el incidente por parte de Henry y de Don son mucho más sosegadas que la reacción de Betty.  Sus issues definitivamente abarcan desde su valía como mujer hasta las más básicas funciones sexuales.  Ante todo el incidente, lo único que puede pensar es cómo las acciones de su hija la mortifican a ella.  Afortunadamente, es un punto que trae a la mesa durante la conversación con la psiquiatra pediátrica que ha escogido para atender a Sally: la doctora la mira con un gesto que probablemente refleja el pensar de muchos de nosotros.  Betty Draper-Francis está loooocaaaaa.

De regreso a Sterling Cooper Draper Pryce, la preocupación más reciente es una nueva cuenta que Pete quiere traer al portafolio: Honda.  En la reunión preliminar antes de acordar el contacto con el prospectivo cliente, Roger saca a pasear un detalle de su personaje que solemos pasar por alto: él es un veterano de la segunda guerra mundial y por puro patriotismo entrenado odia a los japoneses de modo intransigente.  Está completamente en contra de un negocio con Honda, y lo hace ver tan claro que sus colegas determinan que se le mantendrá a él fuera de las negociaciones.

Lo que sigue es una serie de momentos interesantes (y a la vez un poco chistosos) en los cuales podemos ver al personal de SCDP descosiéndose por atender bien a los japoneses que los visitan.  Las diferencias culturales tal vez hoy día no se vean tan infranqueables, pero en los 60 se estaban dando los primeros pasos hacia la “globalización”.  Los ejecutivos de Honda determinan que le otorgarán $3000 a cada compañía que entre en competencia para presentar sus propuestas para la nueva campaña de Honda. Una de las reglas: “No finished products”.  La reunión termina en una nota ácida gracias a la aparición repentina de Roger, quien con lengua viperina logra envenenar la buena fe dentro del negocio.  Una posterior confrontación entre él y Pete trasluce el miedo de Roger a eventualmente resultar obsoleto para la compañía.

Al ruedo entra CGC, empresa rival de SCDP encabezada por Ted Chaough, quien públicamente se canta “el nuevo Don Draper”.  Don conoce acerca de lo que ha estado diciendo Ted a los medios y decide utilizarlo a su favor.  Optan por fingir que están creando un comercial completo y acabado para Honda, y así disimuladamente lograr que los ejecutivos de CGC les sigan los pasos.  La ejecución del plan en pantalla es sumamente entretenida, y por poco logran venderme una motorita Honda (no creo que necesiten un comercial más complicado que simplemente la figura de Peggy Olson montada en su motorita roja dando vueltas dentro de un gigante espacio en blanco).  Sin mayores esfuerzos, logran su cometido: CGC utiliza sus $3000 (junto a otro dinero adicional de sus bolsillos) para hacer un comercial completo para Honda – la descripción del comercial, cortesía de Cheough, a lo mejor se pudo haber considerado visionaria en los 60, pero hoy sería “más de lo mismo”.

En la reunión decisiva, Don se cruza con Ted frente a la puerta y éste se vanagloria del producto que ha presentado, cantando su victoria prematuramente.  Don entra, escribe un cheque por $3000 y se lo devuelve a los ejecutivos de Honda.  Su momento glorioso: “You did not honor your own rules,” le dice a los ejecutivos de Honda.  Al saber que el honor es de mucha mayor valía que el dinero para la cultura japonesa, Don Draper se ha asegurado de una posición mucho más prestigiosa que la de sus competidores ante la estima de los ejecutivos de Honda.

Alguien hizo bien sus asignaciones y se leyó “The Chrysanthemum and the Sword”.  Espero que, a pesar de su debacle personal, nos sigan regalando joyitas de Don Draper como ésta.