Mad Men Season 04 Ep 04: The Rejected

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@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960′s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 04: The Rejected

Al término de este episodio, lo primero que dije fue: “Siento que me acaban de regalar un pedacito de arte.” Lo que no me esperaba es que el director del mismo fuese nada más y nada menos que el propio vehículo de Roger Sterling: John Slattery. Este episodio ha sido su único trabajo hasta el momento como director y estoy segura que no será el último.  Albricias al Sr. Slattery por traernos un episodio con un ritmo tan exacto en cadencia y con un hermoso cierre que ha dejado a esta servidora con un poquito de ganas de llorar.

Comenzamos el episodio con una toma cercana a la cara de Don Draper encendiendo un nuevo cigarrillo con el que se ha acabado de fumar.  Chain-smoking: otro eslabón más en la perdición de Don Draper.  En la misma escena se pregunta con exasperación por qué su botella de licor está vacía (Allison no pierde tiempo en contestarle que él mismo se la ha tomado).  Podríamos excusar su afán por atontarse un poco con la llamada que está en progreso en ese momento: un conference call al estilo de los 60, cruzado en cables y líneas unidireccionales.  El que les está haciendo la vida imposible a Don y a Roger en el momento es Lee Garner Jr.  El gobierno continúa poniéndole trabas a la industria tabacalera y, obviamente, va trancando también muchas posibilidades en el área de su publicidad.  Fue muy gracioso oír a Roger Sterling y Don Draper sugerir el bowling como un deporte: recuerdo que hasta los otros días, antes de erradicarse por completo los anuncios de cigarrillos, el bowling era un elemento visual muy utilizado por esta industria.

Los comandantes de Sterling Cooper Draper Pryce demuestran su apreciación por Pete Campbell al asignarle una desagradable tarea: debe anunciarle a su propio suegro que SCDP ha de abandonar la cuenta de Clearasil (la cual Pete trajo con mucho trabajo de rodillas de su parte hace algunas temporadas).  Clearasil está en conflicto directo con Pond’s (aún no entiendo cómo: pimple cream, cold cream… no es lo mismo), y Pond’s trae mucho más dinero a la mesa que Clearasil.  Pete se dispone a soltarle las noticias a su suegro cuando el señor le arrebata su momentum con una noticia aún más grande: Pete va a ser papá.  Su alegría es honesta y absoluta, y no es para menos: Pete y Trudy llevan un largo tiempo intentando ser padres, y pudimos ver cómo la noticia de que Peggy había logrado engendrar su hijo para luego darlo en adopción afectó grandemente a Pete.  Podemos finalmente ver a un Pete Campbell que – de haberse sentido atrapado unas horas antes, buscando comfort hasta en las columnas mal ubicadas de su oficina – ahora se siente completo como parte de la sociedad a la que tanto ha aspirado pertenecer.  Ahora está jugando en las ligas mayores.  Una posterior reunión de camaradería con Ken Cosgrove – yo en lo personal no lo extraño mucho en la serie, ¡tráiganme a Kinsley! – terminó de armar a Pete con la confianza para hacer lo que nunca lo habíamos visto hacer antes: lograr un negocio significativo sin tener que recurrir a la súplica.  No sólo retiene la cuenta de Clearasil, sino que se queda también con el resto del negocio que su suegro maneja.  Go, Pete!

Por otro lado, Allison ha sido atrapada junto a un escogido de las empleadas más jóvenes, rozagantes y solteras de SCDP en un salón junto a la Dra. Faye Miller.  El propósito es determinar cómo se relacionan las jóvenes a sus hábitos de belleza.  Fue un poco desalentador encontrar que la conversación tomó un rápido giro descendiente hacia el valle de las lágrimas por el rechazo masculino.  Allison se levanta de la mesa en llanto y sale a refugiarse en la oficina de Don Draper.  El panorama completo parecía una burbuja de los años 50 colocado en el medio de una oficina de New York City.  Reconsiderando posteriormente, se me ocurre que el resultado obtenido por la Dra. Miller – entiéndase, que las chicas asocian sus rutinas de belleza directamente con la aprobación de los hombres – hubiese sido muy distinto de haber incluído mujeres más maduras y/o casadas en su sondeo.  Tal como fue, con lo que la doctora contó fue con un gallinero de hormonas e inseguridades para representar un demográfico que seguramente es mucho más amplio y variado.  Don Draper parece haber sido de la misma opinión ya que inmediatamente rechazó la propuesta de adoptar la línea de que aquello que las chicas buscan por medio de la belleza es el matrimonio.  Puede que le vaya mal en su vida personal, pero parece ser que Don está captando lo que se está hirviendo en la coladera del underground.

Peggy va tras de Allison para consolarla y falla miserablemente.  Allison presume que Peggy también ha sido parte de las conquistas de Don y así mismo se lo expresa.  La pared de frialdad que levanta Peggy al momento es un fracaso total a la hora de consolar a Allison, pero también nos percatamos de que el agravio que sufrió con Pete Campbell no lo ha superado fácilmente.  Más adelante lo confirmamos cuando se niega a firmar una tarjeta de felicitaciones para Pete y Trudy por su nuevo retoño.  Claro está, uno no puede ni empezar a imaginarse la complejidad de sentimientos que deben estar pasando en Peggy: ella también tuvo un hijo (no reconocido) con Pete pero, como fue concebido ilegítimamente, el trato al evento fue uno muy distinto.  Supongo que hay un poco de dignidad herida, un poco de tristeza.

Allison termina confrontando finalmente a Don y admite que ella no puede continuar laborando junto a él.  Ante la pregunta de una carta de recomendación, Don comete una de las faltas de tacto más crasas que se le han visto: le propone que ella misma escriba la carta y que él firmaría lo que fuese.  Esta vez es la dignidad de Allison la que queda herida: Don Draper no sólo ha evadido por completo el hecho de que se acostó con ella, sino que ni siquiera se puede tomar la molestia, el tiempo y el trabajo de escribirle una carta de recomendación.  Ella termina lanzando un adorno de metal hacia la dirección general de Don, y así mismo de blandengue le propina sus últimas palabras: “You are not a good person!”  Ouch, Allison, buuur- No, eso estuvo débil.  No me apena verla partir, creo que la línea que pudo haber seguido la relación entre Don y Allison estaba rancia desde el principio.  Además, su sustituta, la Señora Blankenship, promete ser un personaje mil veces más fascinante que lo que Allison pudo ser.

El episodio también enfoca más profundamente en Peggy al ella convertirse en el interés casual y pasajero de Joyce, una editora de Life magazine.  Un encuentro breve en el elevador me dejó preguntándome si había entendido bien (“¿Eso fue un coqueteo?”) y luego, con cada aparición de Joyce, pude confirmar que, efectivamente, Peggy se acaba de conseguir una nueva amiga que probablemente le cambiará su perspectiva de vida.  No creo que Peggy vaya a incurrir en actividades homosexuales – ¡aunque eso sería un éxito! – pero las amistades que aparentemente estará frecuentando ahora son parte de la vanguardia revolucionaria: rebeldes, mafuteros, beatniks…  El contraste que crea este nuevo grupo social con su entorno profesional no puede quedar mejor ilustrado que al final del episodio: ella se encuentra con sus nuevas amistades a la entrada de las oficinas de SCDP mientras que, al otro lado de las puertas de cristal, Pete Campbell está reunido con un grupo de ejecutivos de los nuevos negocios que ha traído a la empresa.  Pete y Peggy se miran y, aparte de la triste ternura que se trasluce en esa mirada, también se devela el contraste simbólico: Pete es parte de la sociedad patriarcal, los valores convencionales y conservadores, lo “viejo”; Peggy, por otro lado, se está convirtiendo en parte de una corriente subterránea que está pujando por salir a la superficie y tomar el mundo como su rehén, representa la frescura, valores flexibles y livianos, la confianza en el individuo.  Cada uno ha escogido su lugar en la sociedad en puntos diametralmente opuestos, pero todavía pueden compartir ese único y tierno secreto de lo que no pudo ser.