Mad Men Season 04 Ep 03: The Good News

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@dianadhevi comparte con PuertoRicoIndie.com sus pensamientos sobre lo acontecido en la cuarta temporada de la excelente serie de AMC sobre una agencia de publicidad en los 1960’s, Mad Men, semana tras semana.  Comparte tu opinión acerca del episodio (y la serie en general) abajo en los comentarios y contribuye a la discusión.

Mad Men Season 04 Ep 03: The Good News

Las únicas buenas noticias en este episodio son que el año 1964 finalmente ha acabado.  El episodio completo tiene una sensación de cierre anticlimático: las cosas no están tan mal – podrían estar peor – pero definitivamente podrían estar mucho mejor.

El episodio abre con una visita de Joan Holloway a su ginecólogo: tiene intenciones de comenzar una familia y quiere cerciorarse de que su sistema reproductivo esté funcionando correctamente. Apenas acaba de cortar el consumo de pastillas anticonceptivas, pero lo que realmente le preocupa es su historial de abortos previos. No sorprende tanto el que Joan haya tenido abortos en su pasado – ella fue quien refirió a Peggy donde este médico en la primera temporada: un galeno que aparenta tener reputación de liberal y el tacto de un taladro de concreto. Sí es sorprendente que Joan quiera tener un hijo con Greg Harris, después de que él la violara y le demostrara que, como proveedor familiar, deja mucho que desear.

Más adelante en el episodio, mediante una discusión apasionada entre Joan y Greg, se nos recuerda que él se ha enlistado en las fuerzas armadas y su destino final es Vietnam. No hace falta mucha imaginación para saber que seguramente la muerte le espera al final de esta línea en el libreto. Obviamente, para Joan éste es un temor muy presente, lo cual nos hace preguntarnos nuevamente y con mayor vehemencia: ¿Por qué quiere tener un hijo con Greg? Y no es sino hasta más adelante, cuando Joan se corta un dedo y Greg la cura y remienda sin que se le mueva un pelo fuera de lugar: notamos finalmente la nota de ternura que transpira en la relación entre los dos y podemos ver esa ternura reflejada en los ojos de ambos. También entendemos que su relación se ha contaminado de desesperanza y frustración: en términos de la vida dentro de la serie, esta relación está a punto de expirar.

Por otro lado, volvemos a ver a Dick Whitman despojarse de su disfraz de Don Draper en otra visita más a Anna Draper, la viuda del Don original. En esta ocasión, más que en las visitas anteriores, entendemos que Anna se ha convertido en la única familia que le queda a Dick Whitman. De hecho, ella es la única persona que realmente conoce a nuestro mad man favorito. Esta vez, nos expanden el universo de Anna un poco para incluir a su conservadorísima hermana, Patty, y su sobrina, Stephanie, quien encarna los inicios de la revolución que está por estallar.

Don Draper nuevamente nos hace sentir incómodos con su torpeza: lo que antes era un suaveness impecable para llevarse enredada a cualquier fémina en su camino, se ha convertido en una patética falta de destreza para aludir a las sensibilidades más jóvenes. Intenta seducir a Stephanie y falla miserablemente, viéndose un poco estúpido en el proceso. Inmediatamente recibe las noticias que le cambiarán el resto de sus vacaciones (y probablemente determinen la atmósfera del resto de su 1965): Anna Draper tiene cáncer del hueso, y es terminal. Ella no lo sabe, ya que su hermana se ha encargado de mantenerle las noticias ocultas. Don Draper termina devastado. Confronta a Patty e intenta convencerla de que le permita ayudar. Ante la negativa de ella, lo único que le queda a Don Draper es continuar en su camino.

La despedida entre Don y Anna es una de las imágenes más conmovedoras de toda esta serie: finalmente vemos a Don al borde de las lágrimas, sumido en uno de los sentimientos más puros de los cuales ha sido capaz ante nuestros ojos. En esta visita, vimos a Don admitirle a alguien finalmente qué es lo que más le ha dolido de su ruptura con Betty: el rechazo de ella a todo aquello que es Dick Whitman, lo que es él, lo que Anna ha aceptado y aprendido a amar. Anna es su confidente, ha sido su madre, su hermana, su esposa… es su familia, la única que tiene, y la va a perder. Don Draper debe sentirse el ser más solitario en el mundo.

De regreso – no a Acapulco, por razones obvias, sino a Nueva York – se encuentra con una estampa similar en la figura de Lane Pryce: sin hacer mucha rimbomba, el Sr. Pryce ha pasado por una etapa rocosa en su matrimonio. El final del mismo lo marca y determina la ineptitud de Sandy, su secretaria, quien logra cruzar los mensajes en dos envíos de rosas y termina enviándole a la Sra. Pryce un mensaje que, puesto fuera de contexto, es altamente comprometedor. Pryce saca una botella de algún licor raro  y costoso que le envió su padre; Don Draper propone una tanda en el cine. Lo que resulta es una fascinante noche de borrachera, comedia y prostitutas. Lane Pryce ha recibido una calurosa bienvenida por parte de Don Draper al maravilloso mundo del divorcio.

El episodio termina con una de esas estampas icónicas: el equipo de control de Sterling Cooper Draper Pryce sentado alrededor de (¡finalmente!) una gran mesa en el conference room y Joan Holloway a la cabeza, exhortándolos a comenzar el 1965.

Los enfoques de este episodio definitivamente fueron limitados a unos pocos personajes, pero se prestó para instantes intensos – como el momento en que Don firma la pared que ha estado pintando en casa de Anna: “Dick + Anna ’64”, – y momentos jocosísimos – viene rápido a la mente el inebriado paseo de Lane y Don, como también la abrupta despedida de Sandy (¡gracias, Joan!). Finalmente podemos decir que estamos en pleno fragor de temporada con Mad Men.