
Photo: josh.liba via flickr
Me gusta la moda, pero soy racional y no la sigo al pie de la letra. Tengo espejuelos Versace, pero tampoco gastaría todo mi dinero en accesorios y ropa de ese diseñador u otro. Cuando era adolescente, prefería comprar CD’s con mi mesada antes que ropa. Mi iPod es un mejunje musical que me deja perpleja: un minuto están cantando Los Niños Estelares y al siguiente Madonna. Sólo he tenido dos revistas Vogue en mi vida, pero tengo muchos libros y novelas gráficas (desde Cervantes hasta Frank Miller). Veo Gossip Girl, pero no me entusiasma igual que Lost. Se puede decir que soy una contradicción, pero a pesar de eso, estoy en balance.
Sex and the City II: The Bitches and the Crazy Menopausic Nymphomaniac Strike Back es una contradicción, pero no tiene balance alguno.
Sí, vi SATC 2. Lo admito. El primer paso para reconocer un guilty pleasure es admitirlo, no ocultarlo.
Pero no vi la película sin saber a lo que me atenía. Me gustaba mucho la serie. Era algo distinto en cuanto a personajes femeninos. Luego, vi la primera película, de la cual no esperaba mucho a juzgar por los cortos, pero aún así la vi porque quería darle seguimiento a los personajes. Salí decepcionada. No me impactó en ningún sentido. Al ver una buena película, uno siempre sale con un saborcito a ella: te quedas pensando en ella y en sus personajes por días o alguna cita se te queda grabada. Eso sí me sucedía con la serie. Esta profundizaba más en las relaciones de pareja de las protagonistas y en sus vidas profesionales. Ellas no eran histéricas y gritonas. Sin embargo, ambas películas no escatimaron esfuerzos en caricaturizar y ridiculizar a los personajes hasta la médula. Si esto representa la liberación femenina, que Dios, Zeus o quien sea nos ayude.
Vi los cortos de la secuela. Pero, por alguna extraña razón, teniendo en cuenta la decepción previa y que los cortos nuevamente prometían la misma experiencia del filme anterior, fui al cine a verla. ¿Seré masoquista?
Mientras veía la película, encontré muchas contradicciones. Hasta yo misma me sentí en contradicción por estar allí. Pero bueno, todos tenemos nuestros guilty pleasures. Unos los dicen con orgullo, mientras que otros los ocultan. La cuestión es que esos GP’s no rijan tus gustos y tu vida. Eso es tener balance.
Pero no sólo el ver la cinta trajo contradicciones, sino el mismo público que se presentó allí. Llegué temprano a la sala de cine y estaba repleta, en su mayoría, de mujeres de todos los tamaños vestidas con trajecillos y blusas con aires “fashion” y pelos planchadísimos de forma geométrica, como si fueran a darse un Cosmopolitan a (inserte el nombre de whatever place que esté “in”). Digo, yo estoy a favor de que la gente salga bien vestidita y limpiecita. Si por mí fuera, que todos salgamos vestiditos como lo hacía la gente en la década del 50 (he ahí mi amor por tiempos pasados). Pero, honestamente, ese “look” no era para la ocasión. Después de todo, nadie quiere salir con su traje cafremente decorado con mostaza escurridiza y ketchup sangriento luego de haber consumido un hot dog. Otra contradicción fue ver a esas mismas chicas con gigantescas bolsas de popcorn y vasos grandes de refresco. Quizás eso explica el por qué varias mujeres de mi fila se pararon varias veces y salieron de la sala.
No elaboraré en la trama de la película. No para evitar “spoilers”, sino porque, pues, este… ¡NO HAY TRAMA! Sí, hay una serie de situaciones, pero todas se resuelven muy superficialmente, sin profundizar, lo cual provoca cuestionarse sobre las reacciones de algunos personajes hacia ellas al ignorar lo que había ocurrido en la serie y hasta en la película anterior.
Los que se destacaron para compensar la falta de trama (o quizá estos retazos eran todo lo que había que contar) fueron Liza Minnelli cantando y bailando su versión de “Single Ladies” de Beyoncé en un “gay wedding” (así le llamaba uno de los personajes al evento), los majestuosos hoteles estilo palacio en Abu Dhabi, las bolsas blancas de papel de Dior en medio del desierto (al verlas, pensé “Dior. Nice!”, mientras las mujeres en la sala de cine gritaban como si hubieran visto a George Clooney desnudo), los zapatos brillosos de Christian Louboutin que Carrie (Sarah Jessica Parker) tenía puestos (GIRLIE ALERT: antes de morir, quiero unos zapatos diseñados por él), las boobies saltarinas de la nana de las hijas de Charlotte (Kristin Davis) y el boner del nuevo macharrán de Samantha, interpretada por Kim Cattrall (aquí no faltaron las carcajadas al estilo Bruja del 71 por parte de las espectadoras, ¡porque ver boobies brincando y un boner es lo más gracioso del mundo!). Es más, todos esos elementos tuvieron más importancia que los esposos de Miranda (Cynthia Nixon) y Charlotte, que sólo decían par de líneas y estuvieron de adorno. Me dio pena por los tipos, sobre todo por el esposo de Charlotte. Creo que tuvo mucho más diálogo en aquel episodio de Lost en el que hizo el papel de amigo imaginario de un personaje.
Cuando finalizó la película, sentí que realmente no había alguna historia interesante que contar (ni siquiera el infierno menopausiático de Samantha) y nada que pudiera llevarme como souvenir cinematográfico en mi memoria. Lo sé, esto es entretenimiento, pero su base, en un principio, tenía sustancia. Aquí, la única sustancia era la que se untaba Samantha en sus partes privadas para evitar los efectos de la menopausia (sorry a aquellos que están comiendo).
Lo triste es que mujeres sin mucho criterio y poca autoestima saldrán a imitar las acciones not-so-lady-like de Samantha, todo por querer ser “cool” y echárselas frente a su grupo de amigas. Oh, wait, ¿no es lo mismo que hacen varios hombres? So much for the so-called and cliched “feminism”! Y es que ambas películas promueven un feminismo falso, de la misma manera que la sociedad promueve una hombría falsa. El tener la cartera llena de condones y acostarse con el primer individuo que se te pare al frente no te hace más mujer, y viceversa con los hombres. Otra contradicción.
La peor pesadilla para aquellos que apreciamos y respetamos un buen conflicto y cómo este se desarrolla, es un filme como SATC 2. Por más que me agraden los zapatos de Louboutin y las tomas de las calles neoyorquinas, no voy a dejar de fijarme en cosas que una persona con dos dedos de frente debería. Pero claro, este es el Disney en esteroides para muchas mujeres “adultas”, porque siempre deben haber “role models” que sustituyan a las princesas de Disney.