Lost: Una reflexión final

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Lost: Una reflexión final

Of our elaborate plans, the end.
Of everything that stands, the end.
No safety or surprise, the end.
I’ll never look into your eyes again.
-“The End”, The Doors

Holy Dharma Initiative! ¡Se acabó Lost! Now what?

Por seis años, Lost tomó posesión de nuestros cerebros y corazones sin pedirnos permiso. En mi caso, fueron cinco. Todo comenzó a principios del 2005. Hacía mi bachillerato en Comunicación en la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras. Para mi concentración de Relaciones Públicas y Publicidad, era requisito tomar un curso titulado “Guiones”, que consistía en escribir guiones de televisión, radio y cine. En una clase, el profesor nos mostró el episodio piloto de Lost a manera de ejemplo para mostrar cómo dividir los actos de un episodio y cómo crear suspenso para capturar al público. De más está decir que ese episodio fue una de las enseñanzas más importantes que recibí en mi Alma máter.

ADVERTENCIA: Si no has visto el episodio final de Lost o si no has visto la serie y estás en planes de hacerlo, NO leas este artículo. Contiene “spoilers”.

Ufff, ¡y qué enseñanza más entretenida y bad-ass! Un ojo que abre en la primera escena, los sobrevivientes de un accidente aéreo gritando desgarradoramente como si estuvieran escuchando un éxito de Ronnie Lee, un tipo succionado por una turbina del avión, el único doctor en el trágico vuelo salvando a todos en medio del caos, un humito prieto y misterioso empieza a meter miedo. Parecen ser alucinaciones provocadas por algún narcótico ilegal, pero no, todo eso sucedió en el piloto de Lost.

Quedé sorprendida con ese primer episodio, pero aunque la primera temporada seguía en el aire, decidí no verla. Sentí que no tendría sentido verla empezada. Terminó la temporada y todos los programas de entretenimiento comentaban sobre el final. Habían secuestrado a Walt de la balsa que habían construido Michael (su padre), Sawyer y Jin; y nuestros “Losties” encontraron una escotilla (o “hatch”, en buen castellano) misteriosa. Decidí que, sin falta, tenía que ver la segunda temporada.

Llegó la tan anticipada temporada. Vi su estreno, y el resto es historia. Seguí viendo las demás temporadas, aún sin haber visto la primera. Eso parece imposible, pero de alguna manera pude seguir la trama sin haberla visto (la alquilé justo antes que empezara la última: sabía que me haría falta verla -hasta los productores lo advirtieron-). En cada episodio, me enamoraba más de los personajes y de los misterios. Pero fueron los primeros quienes más me mantuvieron pegada al televisor. No siempre entendía bien los misterios (Who did?) y me rompía la cabeza pensando en explicaciones. Por cada respuesta que nos daban, terminábamos con veinte preguntas nuevas. Pero era justamente lo que me encantaba, porque como televidente y como lectora, me gusta que me ofrezcan tramas y personajes que jueguen con mi mente, que me den una “bofetada creativa”. O como dicen, en buen castellano, un “mindfuck”.

Cada personaje tenía su historia imperfecta. En algún momento de sus vidas tomaron acciones incorrectas o estaban llenos de defectos. Nadie era completamente malo o bueno. Eran humanos como nosotros. Incluso, el “Man in Black” lo fue alguna vez. Todos tienen en común que fueron víctimas de circunstancias que los llevaron a actuar de forma determinada, lastimando a ellos mismos y a otros en el proceso. Fue ese estudio del ser humano y sus diferentes facetas lo que me atrapó desde un principio. En algún momento, muchos tuvieron su oportunidad de demostrar su heroísmo y la bondad que habitaba en ellos, así como de obtener su redención. Un ejemplo es el personaje de Sayid (mi novio televisivo), cuando en uno de los episodios finales sacrificó su vida para redimirse. Pero ese sacrificio fue provocado por el MIB. En ese momento y cuando murieron Sun y Jin, pensé “¡Hay que matar a ese %^#&*$ de MIB!”. Cuando una serie logra provocar reacciones acaloradas, lágrimas y una legítima preocupación por el futuro de los personajes, los guionistas están haciendo algo bien. SÚPER bien.

Ya todo eso acabó. No más días pensando qué pasara en el próximo episodio o tratando de unir las piezas del complejo rompecabezas. Ya no hay más spoilers que evitar. Atrás quedan Hurley diciendo “Dude” cada cinco minutos, Sawyer con sus apodos creativos y su poderoso “Son of a bitch!”, Desmond con su frase profética “See you in another life, brotha!”, el peanut butter imaginario de Charlie, la fe de John Locke, la ciencia de Jack, Claire buscando a su “baybee”, Hurley compartiendo una barra de chocolate con Ben (¿Una pista de lo que sucedería al final?), la comida procesada del corillo del Dharma Initiative, las esporádicas pero adorables apariciones del perro Vincent, las tomas de un ojo cualquiera que abre (o cierra), la voz creepy al principio de cada episodio diciendo “Previously on Lost”, Kate escapando constantemente de alguien en los flashbacks (aunque eso no lo extrañaré) y los bimbazos que recibía Ben de parte del 95% del elenco.

Estos personajes y otros más, junto con sus travesías, se hicieron parte de nuestras vidas. Hablábamos de ellos como si fueran panas o familiares nuestros. Nos ligábamos a los que estaban buenos (coughSayidSawyerRicarduscough cough!) como si fueran los Seniors que eran “cool” en nuestra high school. Los acompañábamos en sus recorridos por la inmensa jungla y nos sobresaltábamos ante el peligro. Nos emocionábamos con sus reencuentros, reíamos con sus ocurrencias, llorábamos al perderlos, gozábamos y aplaudíamos al perderlos (sólo en los casos de los sons of a bitch de Anthony Cooper, Keamy y MIB. Bueno, quizás Nikki y Paolo también).

La historia concluyó. Ya sabemos por qué había que proteger a la isla y que Hurley es el verdadero sucesor de Jacob. Ben, gracias a Hurley, hizo realidad su sueño de ser verdaderamente necesitado por alguien y de servir con un propósito impulsado por el bien. Jack tuvo que hacer el sacrificio final para salvar a todos y al fin calmó sus ansias de “fix things”. Todos pasaron a otra vida. Se redimieron y pudieron “let go” para “move on”. En la isla y en el “limbo” empezaron de la misma forma: como un grupo de extraños. Luego, las experiencias y los recuerdos los unieron. Ya no tenemos que preocuparnos de que estén bien, porque ya están a salvo y nadie los podrá lastimar o manipular. Nuestros “Losties” formaron una comunidad genuina en la isla, y no sólo supieron preservarla más allá de sus playas, sino en nuestra memoria colectiva.

Desmond tenía mucha razón cuando decía “See you in another life, brotha!”. Esperamos que así sea, querido brotha.

BONUS LIST! 5 cosas que aprendimos de Lost:

1. Whatever happened, happened.

2. Live together, die with a dog.

3. In order to “move on”, we have to “let go”.

4. ♪ You gotta make your own kind of music, sing your own special song. ♪

5. Desmond Hume Vincent is our constant.

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Escritora, editora y bloguera. Algunas de sus fuentes de inspiración son la música, el cine, la literatura, la arquitectura, el ballet y la ciudad. Para leer otros de sus escritos, visita su blog thepurplemixtape.blogspot.com.