Favoritos de los 2000s: Zodiac

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Cuando se llega a puntos específicos, por no decir finales, augurando cambios, por arbitrarios que sean, miramos hacia atrás para reflexionar sobre ese pasado reciente (o un poco más alejado) que nos ha impulsado hasta el presente.  Preñamos con significado cosas externas a nosotros, convirtiéndolas así en parte de nuestra realidad.  Nos apropiamos de esas externalidades para darle sentido al pasar del tiempo y para crear las memorias que continuaremos cargando hacia delante.  No las escogemos; las utilizamos para mejor explicar nuestro contexto como individuos y miembros del colectivo.  Formamos una reciprocidad con ellas: las definimos de acuerdo a nuestra perspectiva y, en cambio, ellas nos definen hacia el exterior.  Todo esto simplemente para explicar que voy a escribir sobre mis películas preferidas de los 2000.

Con motivo de entretener a nuestros fieles lectores (¡ya vamos por 6!) y viendo casi finalizada la primera década de nuestro nuevo siglo, me he propuesto hechar un vistazo atrás y recordar, analizar, o discutir 3 películas (quería escribir más pero soy vago) que me han llamado la atención durante este periodo de tiempo.  No son las 3 mejores, ni necesariamente las 3 que más he visto o quiero volver a ver, sino 3 películas que tal vez no han recibido la atención ameritada pero que han tenido algún impacto importante en mi, de esas cosas que “preñamos con significado”.

Sin más preámbulo, la primera entrada de los Favoritos de los 2000s. Advierto, hay SPOILERS.  Así que lean a su propio riesgo.

Zodiac (2007)

Basada en el caso del asesino en serie que aterrorizó la ciudad de San Francisco y condados colindantes a finales de la década de los 60 y principios de lo 70, Zodiac es una película deliberádamente lenta.  Existe una tendencia de equiparar lentitud con cine malo.  Por tal razón hay mucha gente que la cataloga como aburrida, la realidad siendo lo contrario.  David Fincher utiliza el material de los asesinatos y las investigaciones para construir un mundo lleno de duda, de paranoia y de obsesión, a la vez creando una cinta de suspenso que se convertiría en una de las mejores películas del 2007, aunque no se le haya dado el reconocimiento merecido.

El material, además de ser fascinante, se presta perfectamente para la visión estética de Fincher (¡qué bueno es trabajar con un guión bueno y no con uno mediocre!).  La detallada recreación de la ciudad de San Francisco durante las décadas de los 60s y 70s, y el soundtrack (incluyendo cortes de artistas como Miles Davis y Sly & the Family Stone) dan un toque de realismo que nos lleva a la inmersión total.  Las tomas aéreas de objetos específicos y de la ciudad cambiando mientras el tiempo pasa son trucos que Fincher ya ha perfeccionado.  La utilización de la oscuridad  para crear el tono y caracter tenso que permea toda la obra y la manera que se transmite visualmente el sentido de deseperación – no sólo de las víctimas sino de los detectives y reporteros que siguen el caso – son sino algunos ejemplos del estilo impecable del director.  Hay una toma en particular (durante la escena de la pareja en el parque del lago) en la cual aparece, por un segundo,  el asesino, vestido todo de negro, parado detrás de un arbol a varios metros de las víctimas.  Se escuchan pájaros en el fondo, la brisa, y el silencio.  El sentimiento de que algo anda raro, que ese personaje esta fuera de lugar en ese paisaje idílico, sólo se pone peor.

Pero no digamos que el director fue el único que contribuyó algo a la pieza.  Añadido a lo anterior, las actuaciones (TODAS) sobresalen.  Los tres principales: Jake Gyllenhaal (Robert Graysmith), en su mejor papel, como caricaturista del San Francisco Chronicle y autor del libro en que se basa la película, Robert Downey (Paul Avery) siendo Robert Downey, y Mark Ruffalo (Dave Toschi), investigador principal, inspiración para Bullit y Dirty Harry, y el tipo más cool del universo .  Los personajes secundarios están poblados por actorazos incluyendo a  Chloe Sevigny, Anthony Edwards, Brian Cox, Donal Logue, Elias Koteas, y el inigualable Philip Baker Hall.  Sin embargo, el cheche de la película (literálmente) es John Carroll Lynch haciendo el papel de Arthur Leigh Allen.  El personaje no tiene mucho tiempo en pantalla, pero cuando aparece consume por completo la atención de la audiencia con su representación sutilmente espeluznante del sospechoso principal.

Hay muchísimas razones para salir satisfecho de esta película.  Escojan una y disfrútenla. Tiene fallas, ¿qué no? Pero véanla sin prisa y aplaudirán la manera eficiente en que cada parte se convierte en el todo.  Esta es la obra magna de Fincher.  Sorry fanboys, es mejor que Fight Club.  Breguen.

Escena favorita:
La escena inicial, con la canción ‘Hurdy Gurdy Man‘ de Donovan, ejemplifica lo que van a sentir por los próximos 157 minutos (hey, nunca dije que era corta).

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